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ÉPOCA COLONIAL - EDUCACIÓN Y CULTURA EN PANAMÁ

ÉPOCA COLONIAL – EDUCACIÓN Y CULTURA EN PANAMÁ

Las Órdenes religiosas a cargo de monjas concepcionistas en el caso de mujeres, o los franciscanos, dominicos o jesuitas para varones, fueron los primeros docentes que enseñaron durante la colonia a niños y jóvenes. Principalmente, enseñaban religión católica, escribir y hablar castellano, matemáticas y algebra.

LA CAPITAL DEL REINO DE TIERRA FIRME, PANAMÁ, SE CONVERTÍA EN AUTÉNTICO MOTOR DE LA VIDA COLONIAL, CENTRALIZANDO A LOS GRUPOS DOMINANTES DE LA SOCIEDAD Y DEL GOBIERNO.

foto2En España la mujer está en un estado de inferioridad, exceptuándose las reinas encargadas de tomar decisiones como soberanas. Las mujeres mantenían pocas opciones para superarse, sólo casarse y procrear una larga descendencia era lo usual en un ambiente contaminado por prejuicios morales, religiosos y sociales. En último caso -antes de enfrentar la difícil soltería-, ingresar a un convento fue opción final y no vivir solitarias. Por siglos, fueron las monjas concepcionistas las dedicadas a enseñar a las hijas de la élite social en escritura e idioma castellano, también artes manuales, (labores de aguja) y culinaria, además del tema religioso. La vida monacal era apartada del mundo terrenal, y vivían llenas de soledad y bajo constantes martirios espirituales, ayunos y abstinencias. En raras ocasiones cultivan algún género literario, escriben versos y cuentos, además de cantar acompañadas por instrumentos musicales.
La apertura de “escuelas de primeras letras” se dio en la antigua ciudad de Panamá, a más de impedimentos, alcanzó logros escasos, aunque demostró interés por autoridades y sociedad local para alcanzar buen nivel educativo. A estas escuelas patrocinan cabildantes, particulares y religiosos a través de importantes donaciones e inclusive, prestar sus residencias para tales efectos. En 1575, se concretó con la apertura del Colegio de la Compañía de Jesús -dependiendo de la congregación de Quito y luego de Nueva Granada- fue rasgo positivo, aunque también mantuvo una existencia corta.
La capital del Reino de Tierra Firme, Panamá, se convertía en auténtico motor de la vida colonial, centralizando a los grupos dominantes de la sociedad y del gobierno.
El fuerte cosmopolitismo -por estar ubicada en un cruce de caminos entre Norte y Sur-, y mantener nexos con el mundo exterior a través del comercio. La llegada de mucha gente foránea fue bastante común. Para la vida cotidiana se reciben joyas y abalorios personales, mobiliarios y demás objetos del hogar, ediciones literarias de España y Europa. No debía introducirse a Panamá material subversivo o contradictorio a la religión y menos a la monarquía reinante. La entrada de imágenes “sediciosas”, si ocurría era pagada con la propia muerte y castigados en oscuras
mazmorras o usar el “sambenito”, un distintivo cruel ante la sociedad. La Inquisición mantenía la última palabra. En 1736, la Comisión de científi cos de la Misión geodésica francesa integrada por Godin, La Condamine, Bourger, etc. de paso por la ciudad rumbo a Quito tuvieron problemas con la Inquisición panameña, y fueron detenidos “por llevar una pintura en papel de mujer”.

foto3La Compañía de Jesús organizó presentaciones públicas, obras de teatro y recitales poéticos; los escenarios generalmente fueron interiores de iglesias y conventos.
Catorce letrados criollos y peninsulares organizados por Mateo de Ribera escribieron “El Llanto de Panamá” en 1538, famosa obra literaria integrada por cuarenta y dos poemas, una especie de sentido homenaje al gobernador de Tierra Firme, don Enrique Enríquez de Sotomayor, muerto joven. La organización literaria considerada como la generación poética del barroco literario panameño, demostró creatividad y a la vez una sólida formación humanista. Universidad Real y Pontificia Universidad de San Javier 1749 – 1767.
En el siglo XVIII, la sociedad experimentó un cambio cultural importantísimo gracias al aporte económico del obispo panameño Francisco Javier de Luna Victoria y Castro, interesado en abrir la “Universidad Real y Pontifi cia Universidad de San Javier”. Bajo el Decreto Real impartido en 1749, iniciaba el proyecto universitario, aunque similar a otras universidades en América y Europa resultó exclusivista y hasta discriminatoria, exigiendo al estudiante una limpieza de sangre, mantenerse fiel y puro a la tradición católica y por supuesto, contar con títulos nobiliarios y/u ocupar altos puestos públicos el padre; bajo dichas circunstancias sólo españoles y criollos podían acceder a la universidad. La Universidad Javeriana enfrentó innumerables peripecias y desapareció en 1767 y tras la expulsión jesuita de las colonias, (a raíz del decreto ofi cializado por el Rey Carlos III) fue un acontecimiento nefasto y obligó a pudientes istmeños viajar al San Bartolomé y Mayor Nuestra Señora del Rosario, en Bogotá, Nueva Granada, a la Universidad de San Marcos en Lima o en Quito, -(convertida en ciudad cultural) a los centros de San Gregorio Magno, San Fernando, Mayor de San Luis y Santo Tomás de Aquino. Muy pocos ricos viajaron a España, Inglaterra y Estados Unidos para prepararse en ciencias jurídicas, medicina y religión.

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El atraso cultural -por un lado- se manifestó por la debacle económica propia del siglo XIX. Varios fuegos suceden en 1737, 1756 y 1781, el cese a las ferias de San Felipe de Portobelo, en 1739 y el cambio de ruta por Cabo de Hornos, esto último dejó afuera al Istmo de la movilidad comercial y promoviendo un estancamiento. Pero en medio de las carencias, surgían también eventos con gente de pueblo, aristócratas y burguesía local. La llegada al trono de España del nuevo Rey y el nacimiento de herederos, serán motivos para celebraciones a veces acompañadas por luces pirotécnicas, bailes y adornos colocados en balcones residenciales y públicos.

Un histórico Plano de la ciudad de Panamá, en 1748 refuerza a la idea de gran fiesta colonial, exhibiendo la Plaza Mayor (hoy de la Independencia) aderezada para efectuar corridas de toros, comedias y máscaras en honor a S. R. M. Fernando VI. La creatividad fluyó a través del trabajo de algunos pintores, (aunque escasos, pero los hubo); también de plateros, escultores y joyeros quienes dejaron una huella importante en la vida cultural. En diciembre de 1809, lejos  de la capital del reino, en Penonomé (pueblo de indios) encontramos a Víctor de la Guardia y Ayala representando en tarima pública la pieza teatral “La Política del Mundo”, -expresión literaria del periodo colonial istmeño-.
La Independencia de España en 1821, -aunque trastocó el orden administrativo, resultó positiva en cuanto a educación. “Con todo y pocas oportunidades que les fueron dadas a los panameños para ascender a las posiciones dirigentes, –escribe Ernesto J. Castillero- algunos surgieron por esfuerzos propios, su talento y cultura, dando nombradía a su terruño y brillo a la sociedad. En 1863, la Asamblea del Estado panameño comprometía fondos públicos para adquirir insumos, además advertía del camino dirigido en cuanto a niveles separados por géneros. En escuela de varones, el docente -advierte el documento- enseñaba “lectura, escritura, urbanidad, gramática española, aritmética, moral, política y agricultura; mientras a las niñas, “se les enseñaran las materias anteriores menos moral política, agricultura y en lugar de estas materias se les enseñará también dibujo, bordado y música”. En la “Estrella de Panamá”, de noviembre 19 de 1861 habla de la presencia en Panamá “de una señora Alcíbar, en los altos de la casa de Edward Allen, instruye a niños y señoritas en una serie de apreciadas habilidades como aritmética, gramática inglesa y bordados”.

En poblados del interior los primeros conocimientos eran impartidos por maestros y maestras particulares, cubriendo aquellos gastos por la propia familia.
En 1867, la instrucción pública en términos generales continuó desalentador, y es advertido en palabras del Prefecto Juan José Díaz, autor del informe anual donde comentará:“Nada satisfactorio me es dado decir sobre este punto. Muy al contrario: lo que tengo que decir es bien triste, y hasta humillante para el buen nombre de esta sección del Istmo. En todo el Departamento de mi mando no hay una sola escuela pública, y las pocas particulares que hay se hallan, como es fácil comprenderlo, malamente servidas”.

Procedentes de Estados Unidos llegaron dedicadas pedagogas para instruir la niñez y juventud local; igual hicieron religiosas francesas, recordadas en el barrio de San Felipe por su labor. Hacia 1897, el Departamento del Istmo, promovió la Normal de Institutoras en Panamá, convirtiéndose en pionera de la preparación docente. El fracaso del Canal francés (1880-1889) y la irrupción la Guerra de los Mil Días (1900-1903) hicieron estragos en nuestro terruño, dejando pobreza económica, miles de enfermos y muertos. Pero con los trabajos del ferrocarril (1850-1855) y del Canal estadounidenses (1903-1914), trajeron aires de bonanza, avivando los deseos por mejorar la educación. Cambio de Rumbo…vientos renovados.

foto5Las primeras administraciones presidenciales bajo Manuel Amador Guerrero, José Domingo de Obaldía, Carlos A. Mendoza y Belisario Porras se crearon planteles, además enviaron al extranjero a jóvenes panameños para prepararse como docentes. En Panamá durante décadas llegaron docentes procedentes de Alemania, Bélgica, Estados Unidos, España, Perú y Costa Rica. Los siglos anteriores habían dejado secuelas negativas en cultura y educación debido a las restricciones y fuerte presión ejercida por la monarquía española en las colonias indianas en cuanto al desarrollo intelectual; después de la independencia de España empezó una nueva época en muchas ciudades. A Panamá esa nueva alborada intelectual demoró bastante en consumarse.

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